Casas del Naval, un remanso de paz que conecta arquitectura y paisaje

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Casas del Naval, un remanso de paz que conecta arquitectura y paisaje

En la Comarca de la Vera, este alojamiento rural adentra a los huéspedes en la naturaleza.

A poco más de horas de Madrid, en plena Comarca de la Vera, uno de los enclaves más bellos de las estribaciones de la Sierra de Gredos, se encuentra el paraíso particular del paisajista Jesús Moraime (Madrid, 1971): Casas del Naval. Desde que hace 22 años llegó a este rincón de Cáceres y se enamoró del lugar cuando lo vio por primera vez. En ese momento comenzó a ordenar y cuidar el campo que, con el paso del tiempo, se convertiría en un exquisito y placentero alojamiento rural, en el que tanto la arquitectura, como el jardín y el interiorismo fueron proyectados por su propietario.

En la imagen superior, casa San Julián, la original del conjunto. Sobre estas líneas, Las Encinas, con capacidad para albergar hasta a ocho húespedes.

Moraime recuerda que “a los dos años ampliamos una construcción existente que se convirtió en la Casa de San Julián del Naval. Viví allí doce años, durante los que la propiedad fue creciendo y llegaron las vacas, los burros y las gallinas convirtiendo estos valles en un hogar feliz”. La belleza del lugar y el encanto de esta primera casa le animó a buscar la manera de compartir este remanso de paz con personas que lo apreciasen, “y con esta inquietud —apunta el propietario— empezamos a alquilar la casita. El éxito de la acogida nos animó a construir otras dos más en sitios especiales de la finca”, que cuenta con 44 hectáreas de terreno en el que se alternan prados con robledales y castañares.

Parte de la casa San Julián, que adentra a los visitantes en la naturaleza.

Las ubicaciones de las casas fueron escogidas por su localización privilegiada respecto al paisaje, por la vegetación que las rodeaba y su proximidad a cursos de agua. “Los jardines, muy vinculados a la arquitectura, son un elemento de conexión entre la arquitectura y el paisaje. En ellos hay mucho de jardinería tradicional española tratada de una manera contemporánea. Los materiales locales, la plantación autóctona y de nuestra jardinería clásica, así como una fuerte presencia de elementos de agua son algunas de sus características. Son jardines que aspiran a ser espacios exteriores donde vivir y disfrutar de ese ambiente transicional entre lo construido y lo natural”, describe el paisajista.

En las fincas del Naval, los animales campan a sus anchas, como las vacas de raza Cachena (en la imagen).

La clientela tiene un denominador común: busca tranquilidad y un lugar acogedor y bonito en el que estar en contacto íntimo con la naturaleza. Como parte de la filosofía de Las Casas del Naval, no hay televisión, con la pretensión de que los huéspedes abandonen durante su estancia el mundo virtual y se sumerjan en la realidad. Resalta el anfitrión que el objetivo es “que la gente que venga aquí aprecie el silencio, la calma, que hablen entre ellos, cocinen, paseen. Y que la ausencia de lo virtual y exógeno les lleve a lo real y endógeno. Recibimos huéspedes muy variopintos, entre ellos algunos artistas y actores, parejas, familias con niños, pequeños grupos de amigos”.

Uno de los rincones de la finca, que no dispone de televisión para disfrutar al máximo del entorno.

Las tres casas que se alquilan son Las Encinas, que puede albergar hasta ocho huéspedes, San Julián, con capacidad para cuatro personas, y La Junta, que está en construcción. Cada una de ellas está dentro de una parcela independiente, con total intimidad, con una piscina en la que darse un baño, si todavía el tiempo lo permite. La decoración refleja la inquietud de los propietarios por los materiales tradicionales, los muebles clásicos, el diseño y el arte, son un reflejo de ellos y “de nuestra manera de vivir. Casas con personalidad y, sobre todo, con una fuerte unidad, al estar realizadas por nosotros, tanto la arquitectura como el jardín y el amueblamiento, que no decoración. No son un decorado sino una realidad”, apunta Jesús Moraime.

Todas las casas cuentan con una piscina propia. En la imagen, la de casa San Julián.

La Vera cuenta con una amplia oferta cultural y gastronómica, desde sus impresionantes paisajes a pueblos que conservan intacta toda su arquitectura tradicional: Villanueva de la Vera, Valverde de la Vera, Garganta la Olla o Cuacos de Yuste, con el monasterio que sirvió de retiro al Emperador Carlos V. La gastronomía de la zona tiene como base los productos tradicionales de la zona como —cabrito, cerdo, quesos, higos y por supuesto el pimentón—, que se puede degustar en restaurantes como La Casa Del Pozo, en Villanueva de la Vera, y Villa Xarahiz, en Jaraiz de la Vera.

Otra vista de la piscina de casa San Julián, en una construcción con alma de estanque.

Las Casas del Naval son el lugar perfecto donde escaparse y disfrutar del agradable microclima de La Vera. “Las lluvias tempranas de este año —destaca Jesús— hacen que el campo empiece a reverdecer y que el entorno de los jardines esté verde y jugoso. Continuamos teniendo flores que se combinan con los colores otoñales del follaje de los fresnos, quejigos y robles. Las suaves temperaturas y los diferentes veranillos que se suceden en la primera parte del otoño hace que sea un buen momento para disfrutar del exterior y de los últimos baños de la temporada”.

El rango de precios, dependiendo de la casa y el número de huéspedes, va de 200 euros para dos personas la noche hasta 480 euros por noche en la casa Las Encinas (para un máximo de ocho personas).

Comedor con vistas al campo de Las Encinas.
Salón de Las Encinas, con chimenea y un sofá chéster.
Otra de las chimeneas y un sillón para lectura.
Una de las habitaciones de la casa Las Encinas.