Roberto Campos dialoga con Picasso en el Museo de Santa Cruz

Arte

Roberto Campos dialoga con Picasso en el Museo de Santa Cruz

Hablamos con el pintor toledano sobre su trayectoria y la próxima cita del 16 de noviembre, tributo al malagueño más universal.

Roberto Campos (Toledo, 2 de mayo de 1969) presenta su nueva exposición en honor al 50 aniversario de la muerte de Picasso, que se inaugurará el 16 de noviembre en el Museo de Santa Cruz. Una colección muy fresca y expresiva que se compone de 53 piezas donde color, palabra y geometría se funden. Si bien el maestro malagueño ha sido siempre un referente iconográfico para el pintor toledano, la influencia se torna explícita en esta exposición.    

Pregunta. ¿Cómo fueron sus inicios?

Respuesta. Estudié Bellas Artes en Madrid y desde el primer momento comencé a pintar profesionalmente y a vivir de mi trabajo. Mi vida durante los primeros 20 años de carrera fue exponer, viajar, preparar las publicaciones… Desde muy joven empecé a trabajar en el ámbito de las galerías alemanas. Con 25 años, llegué a una muy importante que llevaba a Tàpies, a Chillida, a Saura en ese momento. A partir de ahí, he recorrido el mundo con mis exposiciones. He tenido mi estudio en Roma durante una temporada, en París y en Alemania. 

En la imagen superior, Roberto Campos con dos de sus obras, Interior 1 (izquierda) e Interior 2 (derecha) ambas de 285 x 200 cm. Su precio, 5.000 euros cada una. Sobre estas líneas, el pintor toledano en su estudio.

P. ¿Qué lugar ocupa el arte, en general, y las artes plásticas, en particular, en su vida? 

R. Aparte de ser mi medio de vida, por ser mi profesión desde hace tantos años, yo creo que es un alimento. Cualquier acto cultural -la literatura, las artes escénicas, el cine…- alimenta a todos los seres humanos y no solo a los creadores. Es todo un lujo que podamos acceder a la vida cultural. Y para mí es fundamental, está dentro de mí. 

P. En cuanto a influencias, ¿se considera heredero de alguna escuela artística? 

R. A mí me tocó vivir mis 20 años en la generación de los Nuevos Salvajes alemanes: Baselitz, Kiefer… Todos estos autores con los que me encontré verdaderamente me influyeron mucho. Yo creo que cuando eres joven el impacto de aquello que ves es casi inmediato, penetra directo en tu obra. Quizás cuando vas avanzando un poco más y ya has encontrado una voz personal, no es tan fácil que aquello que ves se filtre en tu obra. Al menos, la influencia es menos explícita porque creas un pequeño filtro, aunque sigas viendo cosas que te alucinan. Hay dos artistas en particular que siempre me han interesado muchísimo. Julian Schnabel, por una parte, el pintor americano neoexpresionista, y Sean Scully. Este último es un pintor irlandés que ha tenido muchísima influencia en mi obra más reciente.  

A la izquierda, Above the Clouds V (180 x 180 cm), una ciudad vista desde arriba con Picasso trabajando en una terraza subido a una escalera. A la derecha, Apócrifo (He) (180 x 180), dibujo de carboncillo a mano del pintor malagueño. Cada obra cuesta 3.500 euros.

P. Toda manifestación artística tiene un propósito. ¿Cuál es el suyo? 

R. Yo creo que el propósito común de toda obra, de todo autor, de toda persona que publica un libro, una canción o un cuadro, es siempre la comunicación. Tú estás en tu taller con un mundo interior, cargado de ideas, y lo importante es que salgan de tu espacio y la gente lo conozca. Lo verdaderamente importante es el impacto que el arte tenga en el espectador. 

P. Su estilo es abstracto, no existe una pretensión de fidelidad a la realidad. Esta forma artística ha sido golpeada por algunos sectores: se tiende a achacar a la falta de talento del artista, no se comprende el mensaje… ¿Cómo se defendería de esas acusaciones? ¿Por qué decide expresarse de esta forma? 

R. Como docente, siempre que trato de explicar el valor del arte contemporáneo prefiero no entrar en la batalla de lo abstracto y lo figurativo. Yo siempre digo que defiendo el gran arte, aquel que tiene algo que contar, que conmueve y provoca. Pero no entro en el fondo de esta batalla, porque para mí tienen el mismo valor Las Meninas y El Guernica. Están en un mismo nivel, ambos son absolutamente maravillosos. El impacto y la emoción que me causan son muy parecidos, nunca metería en cajones distintos el arte según su técnica. Creo que como artista esto es una virtud, pero también como espectador del arte. Es maravilloso ser capaz de encontrar belleza en cualquier superficie pictórica. No defender el arte abstracto por el mismo hecho de serlo, ni tampoco al revés. En los últimos años he tenido cierto contacto con el gran artista Antonio López, un pintor maravilloso, una persona increíble, un sabio. Y cada vez me interesa más, pero no por lo bien que pinta, sino por el mundo que transmite. Hay algo detrás de ese personaje, una interesante manera de ver el mundo, una cosmogonía, una forma de transmitir. La técnica pictórica es una cosa un poco insignificante, sobrevalorada en ocasiones, si no se tiene nada que contar.  

A la izquierda, Above the clouds IV (180 x 180 cm), otra de las urbes del autor. A la derecha, Una bandera de vapor (180 x 180), ciudad rematada con una representación figurativa de un barco y una cafetera que vierte agua al mar. También cuestan 3.500 euros, cada una.

P. Revisando sus cuadros, vemos imágenes repetidas y símbolos recurrentes. ¿Cuáles son las constantes en su obra y sus temas de preferencia? 

R. Siempre se ha definido mi trabajo como meta-arquitectónico. Es decir, me ha interesado siempre mucho la representación del espacio que habitamos, tanto el privado como el común. Me fascina la geometría que guía la estructura de las ciudades en las que he vivido y el mundo del diseño. También esta especie de obsesión en torno a la figura de Picasso. Esta ‘manía’ ha sido un poco más intermitente en mi trabajo, que aparece y desaparece. Luego hay muchos referentes presentes en esta exposición: el jazz de los años 20, los hermanos Marx, el cine francés… Referentes externos a la pintura que me alimentan como ser cultural y me obsesionan. Me considero bastante ecléctico, bebo un poco de muchos sitios. 

A la izquierda, Apócrifo II (Me) (150 x 150 cm), autorretrato de Roberto Campos (2.500 euros). A la derecha, Cité I, otra versión de una ciudad picassiana (100 x 100 cm), (1.500 euros).

P. Centrémonos en su exposición más reciente tributo a Picasso…  

R. Todo el tema de la exposición gira en torno al 50 aniversario de la muerte del pintor malagueño. Esto no quiere decir que en todas las obras vaya a aparecer Picasso como referencia explícita, pero sí está de algún modo empapando toda la muestra. Me ha interesado la vertiente icónica de su personalidad, lo que representa con su manera de ser y estar. Por supuesto, hay dos grandes retratos de Picasso en primer plano porque yo lo utilizo como figura desde hace muchos años. Hay algo curioso en introducirle en una obra, porque todo el mundo lo reconoce. Ven la silueta de un señor pintando en bañador subido en una escalera, incluso de espaldas, y saben a quién están mirando. Desde muy joven me interesé por este hecho: incluso los más desvinculados del arte moderno reconocen su cara, igual que la de Dalí o la de Warhol. Y, de este modo, sus rostros se convierten en un icono por sí mismos. Incluso es un personaje reconocible de espaldas. En particular, Picasso personifica la idea del artista nuevo, que rompe con lo anterior. Esa imagen del sufridor, maldito, que fracasa y bebe absenta desesperadamente muere con una nueva generación de pintores del éxito. El arquetipo impresionista, materializado en Van Gogh, queda atrás. Picasso atesora todas las virtudes del creador moderno: es exitoso, sonriente, feliz, con mujeres alrededor… Su imagen es icónica y me fascina. 

A la izquierda, Above the clouds VI (180 x 180 cm), vista cenital de una ciudad con el autor autorretratado (3.500 euros). A la derecha, Unidad de Habitación II (150 x 150 cm), otra urbe con la geometría como protagonista. (2.500 euros).

P. ¿Cómo surgió el proyecto? 

R. El Museo de Santa Cruz de Toledo me propuso hacer esta exposición dado que estamos en el Año Picasso. En un principio, se me planteó hacer un homenaje contemporáneo en forma de retrospectiva. Es decir, buscar todas las obras desde los últimos 30 años donde aparecía Picasso, su referencia, y reunirlas en Toledo. Sin embargo, por cuestiones de ejecución, cambiamos de idea. Pensamos que podía ser muy interesante crear la obras exclusivamente para la ocasión. Así que, con un año por delante, decidí que me apetecía crear piezas que hablasen de la importancia de este personaje en mi trabajo. En septiembre del año pasado me encerré en el taller y el resultado es lo que podéis ver en la exposición. 

A la izquierda, This is another meeting… (200 x 160 cm), con unos zapatos y calcetines del autor, en otra forma de autorretrato, y frases irónicas (3.500 euros). A la derecha, Idea (Tout) (125 x 97 cm), obra que pertenece a la serie homenaje al periodo rosa y azul de Picasso (1.500 euros).

P. Los colores parecen los protagonistas de la exposición. ¿Qué importancia tiene para usted como herramienta expresiva? 

R. Esto está muy ligado con las fases. De la misma manera que tuve una época de piezas grises, donde dominaba el dibujo sobre el color, ahora me interesa la utilización de colores puros. El color es fundamental para lo que se quiere comunicar y lo lógico es que en una carrera dilatada vayas cambiando de paleta. He trabajado esta vez con colores directos, con tintas prácticamente planas. Me interesa ahora en la pureza de su expresión, más que en los degradados y en los efectos pictóricos. En esta exposición reaparecen, por ejemplo, las imágenes de tramas rojas y blancas que me gustaban tanto a finales de los noventa. Por mucho que un artista trate de reinventarse, arrastra siempre aquello que es. 

Dos obras del autor Above the Clouds, la de arriba número II y la de abajo III (60 x 244 cm), ambas representan ciudades aéreas picassianas. El precio de cada una es de 2.000 euros.

P. Revisando la exposición, se encuentran elementos que descolocan: contrastes de técnica, imágenes oníricas, palabras… ¿Qué quiere conseguir con la introducción de estos elementos? 

R. Me he interesado mucho en los últimos años por la construcción de tramas geométricas. Estas arman la pieza como si se trataran de un edificio, de una arquitectura. Siempre que aparecen lo hacen como referencia espacial y tienden a tener un aspecto tridimensional. Por ejemplo, en el retrato de Picasso, coloco una trama roja a 45 grados que recuerda a un suelo en proceso de bombardeo, que se va quedando sin baldosas. Y, para contrastar, trabajo el rostro de una forma muy tradicional. Ese retrato, que mira fijamente, es carboncillo. Me fascina esta contraposición que hay entre la geometría tan dura y perfecta de la trama roja y lo irregular del carbón, a mí es lo que más me interesa, por ejemplo. Es, a la vez, un enfrentamiento de color: rojo sobre una escala de grises. En cuanto a las imágenes misteriosas, son siempre cosas que me pasan por la cabeza y me interesan estéticamente. Normalmente se relacionan con ese mundo del recuerdo no vivido materializado en los sombreros de copa. Otro elemento muy presente es mi propia silueta: el personaje que tiene dentro los sombreros y el corazón soy yo. Es decir, tomé un perfil de mi rostro y lo empecé a utilizar hace años ya en mis trabajos. Lo que intento es expresar lo que hay dentro de mí. Esto a veces sale también con palabras, una palabra inserta en la imagen. La palabra es aquí complemento, es un recurso muy pop, muy Warhol. La escritura me permite contar cosas y construir imágenes consistentes, la tipografía es un elemento visual fundamental. 

La colección Jouets, en la imagen, se compone de 30 cajas (30 x 60 x 10 cm), que se venden de forma individual. Son pequeños collages y dibujos con objetos tridimensionales e incluyen personajes de referencia del mundo de la música, el cine y el deporte inspiradores para Roberto Campos.
Una de las cajas de la colección Jouets, con Picasso pintando una camisa y el autor con un palo de golf.

P. Para finalizar, ahora que ya sabemos lo que supone el arte en su vida privada, ¿qué lugar piensa que ha de ocupar en la vida pública? ¿Debería ser mucho más importante desde el punto de vista público y político?. 

R. Por supuesto, y España no es un mal ejemplo en cuanto a centros artísticos. En una ciudad como Madrid hay un bombardeo de exposiciones maravillosas que apenas da tiempo a ver. Yo creo que hay un desequilibrio entre la enorme oferta cultural existente y la medida en que la gente lo aprecia. Nuestro deber es convivir con el arte. Me gustaría que la gente pudiera concebir las obras que admiran en el Reina Sofía o en el CaixaForum como una parte de su vida, que se plantease tener estas piezas en su casa y coexistir con ellas. Considero que esa es la gran tarea. 

Otro ejemplo de una de las cajas, en la aparece Roberto Campos con una raqueta y junto a un trapecista y una calavera.
Retrato del autor estilo collage, de perfil, junto a una mosca y René Lacoste, tenista de los años 20.
Collage de la colección Jouets, con jugadores de fútbol en la Bauhaus, con un tubo de pintura blanca y el pensador en goma de borrar.