Diego de Mora: tres décadas de retratismo de interiores

Exposición

Diego de Mora: tres décadas de retratismo de interiores

Hablamos con el pintor gaditano sobre este género que estuvo en auge en el siglo XIX.

Dentro del desconocido género del retratismo de interiores, Diego de Mora (Cádiz, 13 de noviembre de 1967) aporta pinceladas que nos dan a conocer el valor que esconde esta disciplina. Con una larga trayectoria que abarca más de tres décadas, el pintor nos propone sumergirnos en este arte a través de 19 obras, en su nueva exposición en la Galería Caylus (en Madrid), hasta el 19 de enero, organizada por Martínez Avezuela.

El género conoció un renacimiento en la Francia posterior a la Segunda Guerra Mundial gracias a Alexandre Serebriakoff. El joven Diego de Mora conoció a Serebriakoff cuando ya era muy mayor, en su estudio de París, y no tardó en pintar sus propios cuadros de interiores. En ellos, el artista juega con los espacios y las luces consiguiendo que cada milímetro importe en el resultado final. Desde habitaciones de palacio hasta bibliotecas, De Mora complementa su savoir-faire con la atención al detalle. El precio de sus obras depende en gran parte del tamaño de estas y del pedido específico de cada cliente, pero normalmente se encuentra entre los 3.000 y los 6.000 euros. Hablamos con el autor sobre este género pictórico y su trayectoria.

En la imagen superior, Diego de Mora fotografiado en su casa-estudio. Sobre estas líneas, un retrato de una habitación del Palazzo Contarini-Polignac de Venecia (2021).

Pregunta. Cuando hablamos de cuadros, la mayoría de la gente suele pensar en retratos de personas o en obras paisajísticas. Sin embargo, sus obras se basan en un género desconocido para algunas personas: el retratismo de interiores. ¿Qué tiene esta vertiente artística que le llamó tanto la atención como para dedicarse a ella?

Respuesta. Cuando me preguntan: “¿Qué tipo de pintura haces?” y respondo: “Pinto interiores de casas por encargo” noto cierta perplejidad y más de uno me imagina montado en un andamio pintando las paredes con rodillo. Como bien dices son pocos los que conocen este género que empecé a practicar hace más de tres décadas. Fue a petición de un amigo que me pidió que hiciera una representación minuciosa de unas habitaciones de su casa. Este encargo dio pie a otros. Si no me aparté del camino fue parte comodidad, parte fascinación por el reflejo, a veces tenue pero siempre perceptible, de la vida de los otros en su entorno doméstico, de sus rutinas y sus sueños.

El Salón de Duarte Pinto Coelho (2022) destaca por su órgano barroco, tan alto que hubo que abrir una muesca en el techo para que cupiera.

P. El género de los retratos de interiores estuvo muy en alza durante el siglo XIX. ¿Cómo cree que puede aportar a su obra una visión más contemporánea, propia del siglo XXI, que permita que el público actual pueda sentirse más atraído hacia este tipo de pinturas?

R. No me preocupa. Ciertas obras, como la casa de campo en Antequera, son claramente modernas por su composición, pero algunos de mis clientes me ven como el pintor mejor conservado del siglo XIX y les resulta atractivo. En general, procuro evitar los manierismos, tanto los del siglo XIX como los del siglo XXI, y pintar con candidez. Por otra parte, la modernidad aflora en los interiores por muy conservadores que sean los gustos de quienes los habitan. Fíjate en mi representación de la biblioteca del Château d’Ussé, que se remonta a 1840, y verás un ordenador, una impresora, cables y enchufes.

P. En algunas de las obras de esta exposición se inspira en emplazamientos tan regios y con infinidad de detalles, como el salón del Palacio Duarte Pinto Coelho o la biblioteca del Château d’Ussé. ¿Suele seguir 100% a rajatabla la disposición real del interior o le gusta implementar de manera discreta detalles originales suyos?

R. A veces es tentador pasar de pintor a decorador pero sería contrario a la candidez de la que hablaba. Me limito a elegir el punto de vista y modificar imperceptiblemente la perspectiva para que, paradójicamente, resulte más natural la imagen. Y a jugar con la luz, siempre natural: muevo una contraventana, aprovecho un rayo de sol fugaz, reduzco un poco un contraste o lo acentúo. Mi atención al detalle roza a veces la locura. En la vista del cuadro la Biblioteca del Château d’Ussé quise representar fielmente cada libro de cada estante. También me fijo en los accidentes: una arruga en una alfombra o un cojín torcido en un sofá, el parqué descolorido por el sol cerca de la ventana, una ligera asimetría involuntaria en la disposición de una pareja de objetos…

La Biblioteca del Château d’Ussé (2010) implementa de manera discreta detalles actuales, como un ordenador.

P. Suponemos que realizar este tipo de arte requiere también un arduo proceso creativo. ¿Cuál cree que es la parte más importante del proceso, ese paso en el que siempre hay que hacer hincapié?

R. Las primeras horas son cruciales. Son las que empleo, in situ, en elegir el punto de vista y estudiar la composición. Hago un boceto, pequeño pero detallado, y muchas fotografías. Siempre estoy al acecho: un cambio de luz provocado por el curso del sol a lo largo del día o un claro en las nubes puede modificar completamente el aspecto de una habitación y resultar interesante. Son fenómenos fugaces que requieren una actividad corta pero frenética para fijarlos. Luego vienen muchos días de trabajo paciente, en mi taller, para realizar la obra definitiva, siempre sobre papel, con tintas, acuarelas, gouache y lápices.

El Cuarto del Duque del Palazzo Contarini-Polignac (2021).

P. Cuando observa toda su trayectoria desde sus inicios, ¿hay algún aspecto en especial que vea y pueda apreciar su evolución? ¿Siente que podría desarrollar aún más su técnica, a pesar de esta larga trayectoria?

R. Aunque hay una clara unidad en mi obra de los últimos 15 o 20 años, debida, creo, a la candidez de la que hablaba antes, en esta exposición se aprecian diferentes registros. No corresponden necesariamente a periodos de mi actividad, se desarrollan en paralelo y los elijo en función del espacio representado y de las preferencias del cliente. Hay obras de formatos variados, más o menos acabadas, con colores más intensos o más delicados. En este momento estoy experimentando con obras más dibujadas y más ligeras.

El Cuarto de la Duquesa del Palazzo Contarini-Polignac (2021).

P. Este año ha estado marcado para usted por la creación de obras basadas en lugares destruidos, o también en proyectos de los que solo constan los alzados y la planta del proyecto. ¿Suele abordar el proceso de creación de otra manera en estos casos, o los visualiza como si aún siguieran en pie?

R. Efectivamente, para esta exposición realicé obras para las cuales mi forma de proceder habitual, a partir de bocetos y fotografías in situ, resultaba imposible. Tuve que hacerme historiador y casi detective. Fue un trabajo arduo pero interesante de reconstrucción, a partir de fragmentos, con la satisfacción de ver emerger unas imágenes que nunca habían visto mis ojos.

P. ¿Hay una obra en especial a la que le tenga bastante cariño o prefiere mantenerse imparcial respecto a su favorita?

R. Esto es como preguntar a una madre a cuál de sus hijos prefiere. Pero la pregunta es pertinente así que la trasladé al público que visita la exposición y añadí otra no menos importante: ¿qué obra les gusta menos? Las respuestas son sorprendentemente variadas y mi conclusión, optimista, es que hay para todos los gustos.

Para el Gabinete Chino de la Casita del Príncipe en El Escorial (2023), De Mora tuvo que basarse únicamente en los alzados y en la planta del proyecto, puesto que este nunca llegó a realizarse.