Gran retrospectiva de Mark Rothko en Fundación Louis Vuitton

Arte

Gran retrospectiva de Mark Rothko en Fundación Louis Vuitton

La última exposición en París del artista fue en 1999. Las pinturas se complementan con esculturas de Alberto Giacometti.

Fundación Louis Vuitton organiza una retrospectiva del pintor Mark Rothko (25 de septiembre de 1903 – 25 de febrero de 1970). La exposición tiene lugar en París, en el imponente edificio diseñado por Frank Gehry. Con más de 115 obras, repasa la trayectoria como artista, desde sus inicios figurativos hasta la culminación de su estilo abstracto. Recopila obras procedentes de grandes instituciones artísticas, como Tate Modern de Londres o la Galería Nacional de Arte de Washington, y ofrece una visión panorámica de uno de los artistas más llamativos del siglo XX.

En la imagen superior, el pabellón más alto del museo alberga más de un centenar de pinturas pertenecientes a distintas etapas de la obra de Rothko. Sobre estas líneas, vista de la fachada del edificio diseñado por Frank Gehry.

La retrospectiva se dispone en la sala superior del edificio ubicado en el popular Bosque de Boulogne, a las afueras de la capital francesa. Las pinturas aparecen acompañadas por el trabajo escultórico de Alberto Giacometti. La puesta en conjunto de su obra, en un ambiente que recuerda a un proyecto que preparó para la UNESCO y nunca se hizo realidad, permite una nueva interpretación de su polifacética obra. La última exposición en París de Rothko fue en 1999.

Las esculturas de Giacometti son interpretadas como representación canónica de extrañeza y otredad. Estas figuras famélicas y alargadas se han considerado símbolo de la frustración y angustia del hombre contemporáneo. Las pinturas expuestas al fondo pertenecen a la etapa final de Rothko, donde se descantó temporalmente por los tonos neutros y las líneas geométricamente perfectas.

Un artista en continua remodelación

Los inicios de Rothko en la pintura están marcados por el aprendizaje académico y el esfuerzo por dominar la técnica. Sus trabajos tempranos se organizan en torno al arte figurativo hasta la década de los 30. A partir de ese momento, se da un punto de inflexión en su carrera. Las escenas íntimas y los paisajes urbanos neoyorquinos son entonces sus temas recurrentes. Los motivos del artista se mantendrán en continua transformación, siempre en contacto con su realidad personal y social.

Pinturas pertenecientes a la primera etapa del pintor, donde explora géneros como el retrato y el paisaje. Si bien el dibujo cobra una importancia fundamental en ellas, el peso del color es notable desde esta etapa. La línea le cede el paso al color incluso en estas composiciones tempranas.

Con el advenimiento de la Segunda Guerra Mundial, el pintor se interesa por la representación del horror y la deshumanización de la guerra. Técnicamente surrealista en ese punto, Rothko se vale de escenas mitológicas para escenificar las imágenes bélicas. Una vez terminada la guerra, abandona la representación concreta y se interesa por los bloques de color.

A finales de los cuarenta, su arte gira hacia el expresionismo abstracto con la representación repetida, casi obsesiva, de masas cromáticas en suspensión. Esta organización espacial del objeto en el lienzo evoluciona posteriormente hacia la ocupación completa del espacio representativo con el color. 

A la izquierda, dos cuadros en colores cálidos, a la derecha otros tantos en tonos fríos, todos de los años 50. El emplazamiento de estas obras en una misma sala sirve como muestra de la versatilidad cromática del pintor.

Las obras clásicas de los 50 suponen la materialización de este estilo: formas rectangulares que se superponen sobre un ritmo binario o ternario basado en una gama cromática amplia. Rothko juega tanto con colores cálidos como fríos. De este modo, cobran protagonismo en su obra los ocres, anaranjados, rojos y amarillos, pero también los azules y verdes.

El uso de colores vibrantes es una de las constantes del autor. Destacan especialmente los tonos rojizos, a menudo en combinación con ocres y anaranjados.


El estilo de Rothko no permaneció inmutable al paso del tiempo, continuó evolucionando, construyendo y destruyendo sucesivamente hasta que muere trágicamente en 1970. Entre sus proyectos tardíos se encuentra la Capilla Rothko, fundada por John y Dominique de Menil en Houston. Si bien alcanzó fama en vida, su obra se ha revalorizado enormemente con el tiempo y es considerado referente clave de la pintura posmoderna.

La firme voluntad de no encajar

Se hace imprescindible recordar a Rothko por su particular visión del mundo y de la estética. En su recuerdo ha de quedar presente su reiterada negativa a recibir una etiqueta. Rothko llamó la atención por su visión de las artes, que le hacía renegar de términos como ‘colorista’ y ‘pintor abstracto’. El pintor veía en estas categorizaciones la misma alienación y proponía una interpretación libre, alejada de las imposiciones académicas, de sus proyectos. 

Rothko busca alejarse de cualquier clasificación. Si bien era un artista ampliamente aclamado por la crítica, él no mostraba interés alguno en ese tipo de consideraciones académicas.

Nos encontramos ante un artista que no encaja en ninguno de los estándares en los que se le intentó encasillar. Su férreo deseo de no ser encorsetado obliga al espectador a tratar de entenderlo en toda su complejidad. Reducir su obra a consideraciones simples y asociaciones directas resultaría erróneo. Rothko repetía a menudo que no siempre las significaciones del color y las formas son tan evidentes como se pretende, pues no siempre se puede extraer una conclusión nítida de una imagen.

Su postura frente al arte queda sintetizada por medio de la siguiente cita: “A mí solo me interesa expresar las emociones humanas básicas”. El pintor de los brillos, que lanzó su último grito con un último cuadro en color rojo vivo que quedó sin terminar, busca la articulación de un diálogo sin palabras. Este diálogo mudo solo es posible por medio de una fe absoluta en la imagen como medio de transmisión de los sentimientos. 

La obra de Rothko prueba las enormes posibilidades que el color permite. Incluso repitiendo una misma fórmula siempre, la variedad de las composiciones es notable. Las combinaciones de color y forma son infinitas y permitieron al pintor cultivar una obra vastísima.

Rothko afirmaba: “Me hice pintor porque quería elevar la pintura al nivel de la conmoción de la música y la poesía”. Da vida a una obra plástica manifiestamente inspirada en la palabra y, sin embargo, decide con toda voluntad no utilizarla. No habría resultado extraño que, alguien con una voluntad tan clara de transmitir como un poeta, introdujera texto en sus cuadros. La palabra estaba a su completa disposición (muchos de sus coetáneos optaron por esta mixtura de técnicas) y, sin embargo, decidió no utilizarla. Gracias a su enorme sensibilidad artística, pudo superar este reto auto-impuesto y hacer del color como medio de expresión puro.

Su concepción particular del arte, la representación y el lenguaje convierten a Rothko en unos de los artistas más importantes de su generación. El pintor encarna las inquietudes y preocupaciones propias del hombre posmoderno.
A la izquierda, cuadro El presagio del águila, de 1942. Galería Nacional de Arte, Washington DC. Donación de la Mark Rothko Foundation, Inc. 1986.43.107 © 1998 Kate Rothko Prizel & Christopher Rothko. A la derecha, Mark Rothko, autorretrato, de 1936. Colección de Christopher Rothko. © 1998 Kate Rothko Prizel & Christopher Rothko.
No. 9 (Blanco y negro sobre vino), de 1958. Museo Glenstone, Potomac, Maryland. © 1998 Kate Rothko Prizel & Christopher Rothko – Adagp, París, 2023.
Las pinturas se complementan con esculturas de Alberto Giacometti.
Sin título (El metro), de 1937. Colección Elie y Sarah Hirschfeld, Nueva York. © 1998 Kate Rothko Prizel & Christopher Rothko – Adagp, París, 2023.