Love Hulten, carpintero y rey de la tecnología retro

Música

Love Hulten, carpintero y rey de la tecnología retro

Nacido en Suecia, su última creación es el sintetizador analógico Doodlestation.

En un universo de consumo falto de originalidad, cuesta encontrar creadores que sorprendan con conceptos seductores y fabricación impecable. En ese sentido Love Hulten (Gotemburgo, Suecia, 18 de mayo de 1984) es un rara avis por la intersección cultural que proporcionan sus obras.

Gracias a su dominio de la madera y los dispositivos eléctricos, este artista audiovisual y carpintero lleva ya muchos años conquistando el sector con una ecléctica colección de aparatos tecnológicos asombrosos y extravagantes como equipos de música de inspiración retro o plataformas de videojuegos convertidas por él en obras de arte.

El sintetizador Doodlestation de Love Hulten
Love Hulten ha vuelto a convertir un Frankenstein creativo de madera y cables en una pieza útil de coleccionista.

Proezas como la consola y el sintetizador NES, la mesa de café vintage personalizada para juegos, su propia versión de la plataforma de juegos portátil Famicom y hasta el R-Kaid-R, una consola arcade que fue protagonista en 2016 en el programa de Jimmy Fallon.

El sintetizador Doodlestation

Su último trabajo es el Doodlestation, un enorme sintetizador analógico que incluye una caja de ritmos Moog DFAM, un pedal de multiefectos y un looper Hologram Miscrosm, un theremín, un visor MIDI personalizado que vomita arco iris en función de la entrada, un eco de cinta, un teclado personalizado y una bahía de parches. Todo ello alojado en una caja hecha a mano que grita ciencia ficción de los años 50, colores pastel y una base de chapa de madera.

Imagen del sintetizador Doodlestation de Love Hulten
El Doodlestation tiene una pantalla LCD que reacciona a la música “vomitando” arcoíris.

El conjunto está perfectamente acabado y especialmente bien trabajado en cuanto a diseño y colores, con sus teclas combinando a la perfección con el color del chasis.

Como es habitual en él, la DoodleStation no se producirá en masa: será un producto en edición limitada.

Plano detalle del sintetizador de música Doodlestation de Love Hulten
El perfecto acabado de la madera interactúa con los botones, de formas y colores muy contemporáneos.

Pregunta: Madera y dispositivos electrónicos: ¿cuándo empezó usted a unir estas dos pasiones en su trabajo?
Respuesta: Asistí a una escuela local de diseño en 2010 y allí descubrí mi pasión por trabajar con madera. Luego hice un examen de ebanistería tradicional, pero me di cuenta de que la carpintería clásica no era lo mío. De pequeño solía desarmar los juguetes electrónicos tratando de entender sus mecanismos. Las materias primas del taller de carpintería eran un complemento perfecto para los proyectos electrónicos con los que había estado experimentando desde la juventud. Y eso es lo que hago hoy: artilugios audiovisuales que combinan la artesanía tradicional con la tecnología moderna.

P: ¿Qué puede decirnos de su última creación, la Doodlestation?
R: La Doodlestation es mi último encargo: una enorme estación de sintetizadores de madera a medida, como un laboratorio de sonido. Esta estación única combina varios motores de sintetizador diferentes con una caja de ritmos, una configuración de theremín, un visualizador de audio personalizado y algunos efectos posteriores.

P: ¿Pelea usted contra la obsolescencia programada?
R: En mi opinión, lo que está afectando negativamente al diseño de productos hoy en día es la propia industria y el exceso de productos de usar y tirar que se sigue produciendo para los consumidores, asustados por las fechas de caducidad y desesperados por el último modelo de iPhone. Mi trabajo es una reacción contra esto. Me inspiran bastante los conceptos de mediados del siglo XX, cuando teníamos una visión diferente de la calidad y la artesanía. El conocimiento de los materiales en combinación con una ejecución lograda. Por ejemplo, el uso de un material que adquiere una pátina única sin necesidad de mantenimiento regular y cuidados diarios prolonga la fecha de caducidad del producto final. Ese producto respirará a través del tiempo en lugar de verse asfixiado por él. Mi objetivo es crear productos que brillen y vivan a través de generaciones.

P: ¿En qué se inspira para sus proyectos?
R: Mis diseños suelen basarse en cualquier cosa que despierte mi imaginación. Luego busco en mi mente una función, un propósito que pueda conectar con mi idea visual de forma interesante. Cuando encuentro una mezcla satisfactoria entre usabilidad y estética, ¡ya está! Juego mucho con los valores y las normas, sugiriendo una perspectiva diferente sobre cómo relacionarse e interactuar con los objetos. Y le doy a éstos nuevas funciones, nuevos valores. Las referencias de mi obra tienen un efecto en la gente, y ese tipo de curiosidad desencadena de forma natural un factor “wow”, supongo. Quiero que la gente se sienta iluminada, no sólo nostálgica. La nostalgia no es solo mirar hacia atrás. Es dar pasos en diferentes direcciones, simultáneamente, utilizando fragmentos del pasado y del presente, y creando objetos únicos y equilibrados.

P: ¿Cómo se lleva con lo políticamente correcto?
R: Escucho el mundo actual, pero intento no cumplirlo demasiado. Durante el proceso creativo vivo en mi propio mundo con mi propio conjunto de reglas, y nunca me ajusto/corrijo de cara a las tendencias o ideas actuales. A veces, cuando me emociono por algo, puede haber hasta cierto punto alguna idea, pero en general intento mantenerme alejado de la política a la hora de crear. Al final me gustaría pensar que soy uno de los buenos, crucemos los dedos.

P: En el día a día de su trabajo, ¿cuál es su momento más feliz?
R: Me gustan mucho las primeras etapas, cuando se construye el concepto general de una obra: de la cabeza al papel y del papel a los dibujos de construcción más detallados. Es cuando la creatividad florece. Después está el proceso de construcción propiamente dicho, en el que soy más bien un robot, preciso y concentrado hasta la línea de meta.

P: Reconozcamos que somos una especie frágil que necesita todo tipo de artefactos y objetos para sobrevivir. ¿Cuáles son sus imprescindibles, sus favoritos?
R: Esta pregunta es complicada. Probablemente elegiría algo táctil y analógico, desconectado del mundo online en el que vivimos actualmente. Me gustan los dispositivos y objetos dedicados a un propósito, a una función. Una antítesis del smartphone, de alguna manera. Sin embargo, necesito el smartphone para sobrevivir, pero necesito la sensación de estar conectado con la tierra de vez en cuando.

P: ¿Qué precio tienen sus creaciones?
R: Mis sintetizadores personalizados tienen un precio entre 2.800 euros y 10.000 dependiendo del volumen de trabajo. El Doodlestation es uno de mis mayores proyectos: me ha llevado unos 5 meses completarlo.

P: ¿Cuáles son sus herramientas favoritas? ¿Se ha pasado a las impresoras 3D?
R: Utilizo una cortadora láser combinada con herramientas estándar para trabajar la madera. Tengo ideas para meterme en el CNC y las impresoras 3D, pero ser creativo con un láser puede llevarte muy lejos. Y siempre es bueno tener unos límites, trabajar y ajustar los parámetros dados dentro de las limitaciones establecidas.